Galería de "La Orestiada"

jueves, 17 de mayo de 2012

Edipo Rey


Layo y Yocasta, rey y reina de Tebas, por medio  del oráculo se enteran que tendrían un hijo el cuál sería un parricida y se casaría con su propia madre. Al saber esto, cuando nació su hijo Layo lo manda a matar por un esclavo, pero el esclavo se apiadó de él y por lo tanto, no lo sacrificó, en vez de asesinarlo le amarró las piernas, lo colgó en un árbol y lo abandonó en el monte Citerón donde lo encontró un súbdito de Mérope, la esposa del rey de Corinto quien lo crió como a si hijo llamándole "Edipo" el de los pies hinchados.

 Ya mayor Edipo dudaba que los reyes fueran sus padres biológicos por lo cual le consulta al oráculo y este reveló que mataría a su padre y se casaría con su madre, temeroso por el destino de su padre putativo salió de Corinto para nunca volver. En el camino se encuentra a layo quien es en realidad su padre y el rey de Tebas, Edipo sin saberlo en una encrucijada lo asesina.

Llega a Tebas donde se encuentra con una esfinge, un ser maléfico que da la muerte a todo quien no pueda descifrar su acertijo “A la pregunta de cuál es el ser vivo que camina a cuatro patas al alba, con dos al mediodía y con tres al atardecer”, esta esfinge atemoriza a la ciudad por lo que el que le diera muerte se casaría con la reina Yocasta. Edipo responde acertadamente por lo que la esfinge se suicida y Edipo es proclamado como el nuevo rey de Tebas. Luego de esto se casa con la viuda de layo Yocasta quien será su verdadera madre y con la cual tendrá descendencia.

Tiempo después una terrible plaga azota la ciudad ya que el asesino de Layo no ha pagado su crimen y desata la ira de los dioses. Edipo empieza a indagar sobre quién es el culpable y gracias a un anciano vidente llamado Tiresias descubre la verdad de su destino que fue él quien asesino a Layo que era su verdadero padre y se caso con Yocasta su madre. Al saberlo Edipo deja a Yocasta y esta se suicida.
Por la el dolor y la vergüenza que la ha causado todo el suceso Edipo decide arrancarse los ojos y desterrarse de Tebas.


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